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Luna llena para Justina.

Justina caminaba de la clínica al estacionamiento. Había tenido mejores días. La dirección del hospital la presionaba para aplicar quimioterapia a todos los enfermos terminales de cáncer, aun si con ella no podía hacer más que prologarles la agonía. Era una manera de atraer el dinero de las aseguradoras a la caja general para el bono de fin de año de los médicos en jefe.

Desde luego que a Justina todo eso le parecía una maniobra asquerosa.
Soltera aun a los treinta ocho años, siempre se sentía atacada por una profunda tristeza en ese breve recorrido de camino a su auto, y de ahí a su casa. A veces antes de abordar su vehículo se permitía una bocanada profunda de aire nocturno, que gracias a las grandes aéreas boscosas del hospital, se perfumaba de las flores que solo cuando se oculta el sol sueltan su escandaloso aroma.
Particularmente las azucenas desprendían a un dulzor muy fresco, y solo dios adivinaba lo mucho que Justina necesitaba robarse algo así para terminar de mejor manera la jornada.
Mientras introducía la llave en la puerta del auto la oncóloga cerró los ojos y respiró muy hondo en varias ocasiones, casi con desesperación. Mientras giraba la llave sintió un pequeño piquete en el tobillo derecho, casi por instinto se agachó y paso la mano sobre la extremidad.
Durante varios días después del curioso piquetito se sintió extraña, notó que algunos alimentos le causaban nauseas y todo el tiempo pese a tomar suficiente agua, sentía una sed espantosa. La piel en el área de los brazos y muslos sufría de una resequedad inusual, y durante las noches dormía bien poco así que se sentía cansada.
Para colmo, pronto sería la fiesta de fin de año en el hospital y le tocaría como ya era costumbre, atender a algún invitado ricachón para sacarle un donativo.
Esa noche otra vez de camino a su vehículo se concentro de manera inusual en lo incomodo que le resultaba el chasquido de sus tacones en cada paso que daba. Una ligera lluvia de invierno había dejado el suelo mojado, las nubes poco a poco se movían para ir mostrando pedazos de luna, que según el calendario era llena.
Justina se encontraría quizá a unos diez pasos del auto cuando el cielo se despejó por completo y una limpia luz lo clareó todo. Una extraña sensación en los parpados la obligó a detenerse, sus dedos comenzaron a hormiguear, y al llevárselos a la cara para mirarlos mejor, notó un color verdoso en sus palmas. En las contra partes de codos y rodillas una punzada dolorosa, caliente y profunda terminó por tumbarla en el suelo en posición fetal.
Para ese instante la tierra entera irradiaba de vuelta la luz que le proyectaba la luna llena en toda su plenitud.
En el suelo quedaba una bata blanca, un portafolio negro, y las llaves del auto.
Las flores perfumaban todo con su escandaloso aroma.
Y la mujer rana croaba perdiéndose entre los charcos de los amplios jardines.

5 Agosto, 2011
Lilymeth Mena.
Safe Creative #1108059807874

4 comentarios:

osopardo dijo...

En cada quien la luz de la luna llena influye de maneras distintas

juanca.. dijo...

perplejo y detenido ha quedado mi dedo indice descubriendo frase por frase un manatial rico , locuaz e irreverente ,contestativo y descriptivo ...he abierto una puerta que siento sera una aventura disfrutar como manchas las hojas con letras de una forma inteligente y atemporal ..gracias por compartir tu trabajo.

pirugenia dijo...

tremendo Lilymeth, esta es mi Lily, sacando del fango un aroma de nenúfar, sacando del cáncer un relato que se abre en estallidos de luz, en aromas, en sangre. Tu estilo es lilimetheano y nadie más escribe como tú. Un abrazo de tu Mariaeu.

En lo personal no sabes cóme me impactó tu relato porque me acabo de enterar que a mi amiga M. Castillo, pintora, le hallaron cáncer en el riñón y éste sí es el adios; se la llevó Fernando, su marido, a Nuevo México; por email te voy a mandar lo que escribí sobre ella hace casi 20 años

senddero dijo...

Una oncóloga que por efectos de la luna se convierte en rana, es darle una apretada de tuercas a la metamorfosis. Sencillo y sensitivo, claro y directo un abrazo Rub